Cultura Muerta

César Gabler S.

Rosario Perriello ha desarrollado su obra artística desde una particular interpretación, -conceptual y material- de los géneros artísticos. A su modo, ha hecho paisajes y retratos aprovechando los múltiples recursos que ofrecen el uso del papel couché y los más variados envoltorios y cajas que produce la industria del packaging. Son reciclajes que exigen, casi siempre, una lectura atenta para descifrar sus orígenes, porque cada material funciona como un fragmento, una pincelada de una imagen que también viene de otra parte. Perriello recicla materiales e íconos, en un afán casi ecológico; como si se hubiese prohibido “inventar” otra novedad su obra aparece como un esfuerzo por dar sentido a ese arsenal casi infinito de desechos físicos y visuales que acompañan nuestra existencia y que amenazan nuestra capacidad de dar sentido a lo que nos rodea. Crear desde la nada, sin referentes y con materiales artísticos parece, a ojos de la obra de Perriello, un acto ingenuo y antiecológico. ¿Para quéuna imagen nueva si todas se han inventado ya? Mejor volver sobre la historia de la visualidad como un depósito de cosas en desuso que invitan a la re-interpretación. Hasta aquí Perriello sería una devota de la cita, como lo fueron tantos artistas en los ochenta (Salle o Dávila por ejemplo), su diferencia está en que no nos devuelve una versión al óleo y gran escala de sus pesquisas ni tampoco recombina signos con afán ideológico; lo suyo es una aproximación al lenguaje de la cita desde los materiales. Con algo de Rey Midas, Perriello transforma las cosas en imágenes y las imágenes en un cementerio invisible de desechos. Al principio no lo advertimos, pero pronto aparecen decenas y hasta cientos de fragmentos rescatados del olvido; o peor, de la basura.Perriello cosifica las imágenes a través de una traducción material que puede parodiar o ampliar los alcances del original y que casi siempre permite releer lo que ya hemos visto. Revisar imágenes y géneros artísticos, reciclar materiales y estampas del pasado no sería solo una cuestión artística, sería también una operación de ecología cultural.  Ahora es el turno de las naturalezas muertas, un género que parece funcionar mejor que cualquier otro, para el ideario de Perriello. Porque a su modo, durante los últimos años su producción ha sido un continuo ejercicio de naturaleza muerta. O de cultura muerta, porque finalmente Perriello exhibe los restos -transformados o sublimados quizás- de una cultura que convierte la naturaleza en mercancía y luego en basura.La comida como modelo artístico se convirtió en un género artístico en la Holanda del s.XVII. Aquello podía ser una forma de celebración de los sentidos, un modo de presunción en un mundo donde la comida escaseaba o un complejo sistema de signos; y también todo eso a la vez. El lenguaje pictórico lucía sus dones haciendo de la superficie del mundo banquete visual y desafío pictórico, pero también un compendio semiológico donde cada cosa: fruta turgente, liebre muerta, platería brillante podía lucir la habilidad de un maestro en las artes de la alegoría, y por supuesto de la descripción virtuosa. Además de agradar, las naturalezas muertas significaban: ofrecían su resumen del mundo burgués a la vez que un mensaje velado, como si el placer sensible requiriera la justificación de la moral o la pedagogía.Perriello a la vez que observa, lee y retiene un sinfín de datos curiosos; irrelevantes solo en apariencia: esta vez fueron dos historias conectadas con la alimentación y la mujer: la primera se refiere a unas modelos de pasarela que deseosas de conservar su peso se alimentaban de papel tisú y jugo de naranjas, la segunda leida en la prensa como en la anterior nos sitúa en Haití el 2009. Mujeres hambrientas convirtieron el barro y el aceite en galletas. Las historias parecen un cruel cara y sello, los polos del hambre. Pero más allá de ilustrar aquellas anécdotas ¿sabrosas? Perriello opta de manera algo intuitiva por tomarlas como base de una estrategia en la que cada relato parece encontrar su simil material y técnico: en su crónica de las modelos anoréxicas (¿papirofágicas serán?) el papel de revistas se convierte en la base de unas coloridas y sensuales recreaciones de aves muertas de brillante plumaje: el brillo del papel couché -el mismo que se usa en tantas revistas de moda- parece sublimar, como el pincel barroco, la tragedia cotidiana de la muerte. La tragedia haitiana sugiere el uso de la greda -opaca y sin cocer- como base para unas obras que trocan la opulencia barroca en un reflejo de barro; tan triste, tan ruinoso, como la historia de aquellas mujeres. Hasta aquí ya he reseñado parcialmente dos conjuntos de obras, falta sin embargo un tercero: las flores. Se las podría leer como un contrapunto, después de todo y salvo excepciones, no se las considera alimento. Pero este juego entre materia e imagen propuesto por Perriello esconde una poética y una sorpresa. Si las flores en general solo son comida para hambrientos o para refinados, las de Perriello podrían constituir la dieta de algún adicto a la sacarosa, porque sus floreros contienen unos bellos ejemplares modelados con pasta de azúcar y pintados con anilinas de repostería. Arte comestible que se ha preservado, eso sí, con un barniz tan noble como indigesto, para cuidarlos del polvo y los hambrientos.Rosario Perriello confirma entonces, su particular vocación post pictórica, si en los ochenta parte de la vanguardia local dedicó sus esfuerzos a negar la pintura o sublimarla a través de lenguajes de economía precaria, la obra de Perriello parece un homenaje opulento a la pintura desde una precariedad material más dramática quizás que la de nuestros viejos colegas, porque la fastuosidad de la artista es casi siempre un engaño y su banquete se compone de sobras sustraídas al vertedero. En este paciente ejercicio Perriello ha descubierto un  lenguaje cuyo abecedario está compuesto por los caracteres del brillo y de la ruina.

Galería del Centro de Extensión UC, Santiago. Chile. 2015

La muestra estaba compuesta por tres escenas que citan naturalezas muertas del SXVI  

"Banquete monocromo" Objetos de greda cruda. "La vanidad de las cosas" Flores construidas con pasta de azúcar y colorantes comestibles

"Caza menor"  Escena de caza realizada con papel de revistas, plásticos, etc.

Medidas variables