Bronce escala natural, representan plantas de Humedales. 2016

 

En Intemperie, primera muestra de Perriello en Galería NAC, la artista prosigue el camino transitado en Humedal, pero con un proceso completamente distinto. En esta ocasión Rosario hace una suerte de inventario de las plantas que viven en estos ecosistemas, la investigación que realiza es como la de un botánico, en donde la artista explora el lugar, toma muestras, estudia las formas, sus texturas y dimensiones.

 

Sobre plantas y flores para el bronce.
por Alejandra Wolff


Una serie de flores y plantas replicadas minuciosamente en bronce, el metal de las palabras que quedan, parecen surgir de la clínica muralla blanca de la galería NAC. 
La levedad de su montaje, tiene por extrañeza, la contradictoria pesadez de los metales y la opacidad de lo marchito tornado brillo.

No es la primera vez que Perriello interviene un espacio interior con un paisaje artificial, sin embargo, en esta oportunidad, el desecho y la precariedad habitual con la que se ha referido paródicamente a la Historia del arte, al imaginario web de las redes sociales y a los paisajes rurales de la zona central, se ha investido de dorado, acusando en esos brillos marchitos, el destierro de la naturaleza. Estos fragmentos dispersos de bronces pulidos “posan” para la perpetuidad como ruinas o monumentos de un ecosistema en extinción. No se trata del activismo resplandeciente de los manifiestos literales que esconden en altos presupuestos y apoteósicas intervenciones espaciales, la pertinencia de su contemporaneidad, sino de destellos congelados que al igual que una joya, resisten al tiempo insistiendo nostálgica y paradojalmente en su presencia, que es la del olvido.

Los humedales constituyen la matriz de estas “naturalezas muertas” elaboradas con la paciencia y el tesón de las tradicionales prácticas escultóricas. Rosario vuelve a “pintar”, esta vez con brillos y texturas, los vestigios de una naturaleza a punto de partir. La fidelidad de las hojas y tallos de plantas y flores nativas del lugar, se anuncian heroicamente en el descampado de la sala; ese fuera de cuadro que es el microcosmos amenazado por un sistema que los transforma de naturaleza a paisaje y de paisaje a campo agrícola. No se trata de una elegía sino de la alegoría de la vanidad. Entre paseos y destellos la neutralidad del fondo blanco, irrumpe la continuidad del paisaje, y tal como lo hace la calavera en los antiguos retratos de la abundancia, aquí, nos anuncia el futuro promisorio de su falta.

 

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