El visitante recorre el museo. La pintura recorre el modelo. El modelo es el museo.

                                                                                                                  por Paz Castañeda

 

La pintura recorre el museo y se instala en aquellos lugares que le son imposibles. Como un invitado de piedra que no quisiera ser visto en una primera mirada, se ha ubicado en lo inhóspito: un pasadizo entre dos salas, los mínimos bordes de unas cuantas columnas. Tránsfuga de la contemplación solemne, la pintura ha elegido para sí un hueco, un vano, un resquicio de la arquitectura donde su presencia es ingrata.

La discreción con que la pintura se ha depositado en sitios incómodos es paradójica. El repliegue de su emplazamiento es revertido por el despliegue de la representación pictórica. Confiada en su facultad ilusionista, la pintura reproduce en la tela la generalidad del espacio que la rodea para simular una continuidad entre el espacio físico real y el espacio reproducido en dos dimensiones. Si el lugar de exposición es también el modelo, la pintura se encargará de tender una trampa al ojo incauto. Engaño relativo el de esta pintura, que así como se camufla con la arquitectura, también revela parte de su secreto: la baldosa que fluye hacia la tela como baldosa pintada, luego se quiebra en un plano que no coincide con la perspectiva de las columnas, el punto de vista de un arco difiere del que le sigue. No hay espacio unitario, sino la dispersión de múltiples puntos de vista, fragmentos ensamblados por la pintura en operaciones que simulan la unidad, disimulan la arbitrariedad o hacen patente el descalce.

Primero pintura invisible, pero al final e inevitablemente visible. La pintura recorre el museo y se instala donde apenas cabe, interrumpiendo el recorrido habitual del visitante. Lo detiene y lo engatusa con el cuento de otro espacio posible, de otros visitantes posibles. A través de la monumentalidad de su formato, la representación meticulosa de ciertos detalles ornamentales o de la figura humana, la síntesis atmosférica de la arquitectura y la luz, la pintura crea una zona de ambigüedad y ficción que intercepta el paso, imponiendo una contemplación activa. Zona de feed-back, donde el modelo entra en la pintura tanto como la pintura entra y se asienta en él.   

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Óleo sobre tela, adosada al muro del pasillo del Museo.

Museo de Arte Contemporáneo Santiago. Chile

Año: 2002